El jefe de gabinete Manuel Adorni confirmó implícitamente en la interpelación el uso de custodia policial para las salidas nocturnas de su esposa a bares con amigas, incluyendo traslados hasta las 4 de la mañana, tras el detalle preciso del diputado sobre su itinerario diario.
Adorni salió del libreto preparado, acusó a la oposición de espionaje con datos de "dudosa procedencia" y amenazó con denuncias judiciales, afirmando que "no me van a intimidar con aprietes y que no me va a temblar el pulso para denunciar a quien corresponda ante la justicia". El panel destacó que no desmintió los hechos y que la Policía Federal realiza horas extras pagadas con fondos públicos para fines privados como manicuras y escuela de los hijos.
La sesión concluyó prematuramente una hora antes del previsto, sin que el PRO ni La Libertad Avanza usaran su turno final para defenderlo, borrándose los aliados ante los escándalos. El oficialismo solo hizo una pregunta mínima y diluyó su apoyo inicial.
El diputado Germán Martínez evaluó en vivo que Adorni no disipó desconfianzas, carece de volumen informativo propio, depende de asesores para responder y no merece la confianza del Congreso según el artículo 101 constitucional. Elogió intervenciones opositoras de Marino, Selva y Tallade que lo descolocaron.
Al cierre, el panel resumió siete horas de interpelación donde Adorni empezó fuerte como Maradona en el 86 pero terminó débil como Pipito, con la Casa del Pueblo militarizada y oposición yendo al hueso con privilegios de la casta política.