Manuel Adorni defendió su inocencia en una exposición de siete horas y media ante Diputados, negando contratos irregulares con Marcelo Grandillo e Inhouse, y afirmó que probará no haber cometido delitos en la Justicia.
El presidente Javier Milei respaldó a Adorni desde las bancas con gritos contra opositores, mientras el kirchnerismo falló en fiscalizar agresivamente salvo excepciones como Rodolfo Tailade, quien enfrenta denuncia por espionaje al revelar movimientos privados de la esposa de Adorni.
El diputado Pablo Juliano exigió públicamente que Adorni publique la declaración jurada de su mujer para transparentar propiedades inexplicables pese a haber empezado como funcionario con traje en cuotas, acusándolo de traicionar el mandato electoral de octubre.
Panelistas evaluaron el saldo como empate político para el gobierno, que consolidó filas con todo el gabinete presente, pero alertaron erosión en la imagen de Milei con caída de 10 puntos en dos meses por economía y este caso, cuestionando la nueva normalidad de opacidad.
Criticaron la violencia verbal de Milei, la cultura del aguante y pérdida de olfato político, separando realidad judicial de percepción moral pública, con riesgo de judicialización política y moción de censura futura.