La CGT organizó una marchita hoy, un día antes del feriado del 1 de mayo, que resultó intrascendente e irrelevante según el conductor. Criticó que los verdaderos trabajadores fueron a laburar mientras los militantes sindicales con banderitas aplaudían a dirigentes como Pablo Moyano.
Recordó que la CGT firmó la reforma laboral del gobierno de Milei sin advertir que los enfermos podían perder el sueldo, mostrando su falta de defensa a los trabajadores. A lo largo de los años, siempre acompañaron lo peor de cada gobierno, desde la pandemia con Alberto hasta ahora.
Los dirigentes sindicales ladran pero no muerden, están conformes con la cuota sindical obligatoria que sigue vigente y esperan el momento para un quinto paro, aunque los anteriores solo dañaron a comerciantes y empresas sin lograr nada.
En Argentina, sin dirigentes sindicales genuinos que reclamen, los gobiernos necesitan llamados de atención para salir de su burbuja, pero la CGT solo habla para sí misma.