El gobierno de Javier Milei decidió cerrar la sala de periodistas en la Casa Rosada, un espacio donde conviven reporteros de distintos medios que cubren la Presidencia diariamente.
Panelistas critican la medida como antidemocrática y comparan con tácticas kirchneristas, destacando que pone a los periodistas como enemigo fácil. Mencionan agresiones verbales de Milei, quien acusa a la prensa de calumnias e injurias, y señalan intolerancia al disenso con insultos y bullying.
Se discute la violencia verbal del Presidente, su obsesión con periodistas y falta de rendición de cuentas de figuras como Karina Milei y Santiago Caputo. El cierre se ve como patrón de opacidad y venganza contra la crítica.
Advierten que el gobierno usa el conflicto para desviar atención de problemas económicos reales, como la falta de plata en las familias.