La Cámara de Casación otorgó la prisión domiciliaria a Julio De Vido, exministro condenado a 4 años por corrupción en la tragedia de Once, por su delicado estado de salud a los 76 años con patologías como enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, fibrilación auricular, crisis hipertensiva, infarto y descompensación diabética.
El tribunal de ejecución, a cargo del doctor Ricardo Basílico, notificó al Servicio Penitenciario Federal para el traslado inmediato a una chacra de 39.000 metros cuadrados en Puerto Panal, Zárate, con lago, canchas y caballerizas, pese a las exigencias médicas de controles clínicos, cardiología, dieta, medicación y derivaciones a centros de complejidad con guardia 24 horas.
Panelistas criticaron duramente el lujo de la chacra como privilegio inmerecido para un corrupto responsable de muertes, proponiendo en cambio un monoambiente en Capital Federal cerca de hospitales para verdadera reclusión y atención médica inmediata, destacando deficiencias del sistema penitenciario pero exigiendo mejoras en cárceles en lugar de liberaciones.
Compararon con casos como José Alperovich, quien fingió EPOC para casarse en Puerto Madero, y Samuel Samid, que paseó con tobillera, demandando controles estrictos, decomiso de bienes y proximidad a centros médicos en vez de mansiones lejanas que revictimiza a familias de víctimas de Once.
Recordaron que De Vido tuvo oportunidades de frenar la corrupción pero continuó, y elogiaron fiscales como Mola y Luciani por ir por decomisos, cuestionando la discrecionalidad judicial y preconceptos por edad.