La situación en Bolivia es crítica, con Evo Morales acusado de abuso de menores y operando desde la clandestinidad, mientras acusa a Estados Unidos de instigar un golpe de estado. La crisis económica, marcada por la inflación y la caída de las exportaciones de gas, agrava el panorama, obligando al país a comprar combustible y generando escasez de dólares e inflación.
El gobierno de Luis Arce enfrenta un escenario complejo, con una oposición desarticulada pero manifestaciones no institucionalizadas que podrían generar caos. La polarización política se intensifica con acusaciones mutuas y la intervención de actores externos, mientras la población sufre las consecuencias de la inestabilidad económica y social.