El nacionalismo en Japón parece estar en alza, reflejado en la elección de Sanae Takeichi, figura de la derecha ultraconservadora, como primera ministra. Su agenda incluye la limitación de la inmigración y el aumento del gasto militar.
El discurso político está envalentonando tendencias racistas, como lo demuestra el caso de Mohamed Nassir, un residente de 40 años en Japón que recibió insultos racistas. A pesar de su integración cultural y fluidez en el idioma, se sintió afectado por mensajes de odio.
Japón enfrenta una crisis demográfica con una sociedad envejecida y escasez de mano de obra, lo que obliga a una cautelosa apertura al exterior tras siglos de aislamiento. La inmigración se presenta como una necesidad, pero el auge nacionalista y las políticas migratorias restrictivas plantean un desafío.