Se critica la falta de coherencia de Manuel Adorni, comparando su situación con la de un conductor que no se aplica a sí mismo las reglas que predica.
Se ejemplifica con la idea de que no se puede tener una ley para los demás y otra para uno mismo, resaltando la importancia de la coherencia personal y pública.
Se sugiere que Adorni debería ser más autocrítico y no solo señalar los errores ajenos.