Se critica la idea de que la corrupción no afecta la economía, argumentando que es una trampa y una locura. Se señala que la gente sufre las consecuencias de la falta de empleo, el cierre de locales y empresas, y que no se puede justificar la corrupción bajo el pretexto de que no impacta en la economía.
Se compara la situación actual con gobiernos anteriores, sugiriendo que la corrupción siempre ha tenido un impacto negativo. Se cuestiona la visión del gobierno de que solo el superávit fiscal es importante, ignorando otros aspectos fundamentales para el desarrollo del país.
La discusión se intensifica al hablar de la percepción pública, donde la corrupción se vuelve un tema más importante que la economía para la gente, especialmente cuando la economía está mal. Se menciona que la imagen de Milei ha bajado y que la gente no elige a quienes los dejan sin trabajo.