Se analiza el dilema de Milei ante la situación de Adorni: si niega haber sabido del ocultamiento de dinero, queda mal parado por tolerar un jefe de gabinete mentiroso; si admite haberlo sabido, convalida la mentira y se descapitaliza simbólicamente.
Se argumenta que la mentira de Adorni, y la posible complicidad de Milei, genera una pérdida de capital simbólico crucial en un momento de ajuste, minando la confianza de la sociedad en la honestidad del gobierno.