La incomodidad de los ministros ante la situación de Adorni crece, mientras el gobierno se debate entre mantenerlo o removerlo. La lealtad de funcionarios como Luis Caputo y Sandra Petovelo es puesta a prueba.
El presidente Milei se aferra a su decisión de no remover a Adorni, pero la presión política y la opinión pública podrían forzar un cambio. La falta de explicaciones claras y la creciente sospecha generan un clima de tensión.
La figura de Adorni se convierte en una carga para el gobierno, afectando la imagen y la gestión. La incertidumbre sobre su futuro se mantiene, mientras los ministros expresan su malestar en privado.