El debate se centró en la figura de Manuel Adorni y las acusaciones de mentira y ocultación en su contra. Se cuestionó por qué Javier Milei aún no lo ha apartado de su cargo, sugiriendo que podría deberse a que la remoción de Adorni podría desencadenar investigaciones sobre la propia corrupción de Milei.
Se planteó la teoría de que la permanencia de Adorni responde a una estrategia kirchnerista, donde su "cabeza" sería el primer paso antes de ir por el propio Milei. Se comparó la situación con la frase atribuida a Néstor Kirchner: "A mis boludos los entrego yo", sugiriendo que Milei podría estar actuando de manera similar para protegerse.
A pesar de ser calificado como un "funcionario carbonizado", "fusible quemado" y "políticamente pulverizado", se advirtió sobre el oportunismo de quienes buscan su remoción, calificándolos de "cínicos con prontuario kilométrico" y no de buscadores de justicia. Se criticó la "indigencia conceptual y cognitiva" de Adorni, cuestionando cómo alguien con tales deficiencias intelectuales llegó a un cargo de poder.