Se critica la tendencia del gobierno a la "masturbación permanente", dedicándose a hablarle a su propia gente y a mirarse al espejo, en lugar de enfocarse en la gestión pública.
Se sugiere que, si bien un estilo confrontativo puede ser útil en el parlamento, no es adecuado para un vocero que debe comunicarse con el mundo. Se enfatiza la necesidad de un enfoque más amplio y representativo en la comunicación gubernamental.