Se plantea la interrogante sobre la conveniencia de que la vocería del gobierno sea manejada por un economista en lugar de un periodista, especialmente tras lo que se describen como "horrores de comunicación". Se considera que la elección de un economista para este rol es una decisión presidencial, pero se destaca la diferencia en las características personales entre Ravier y Adorni.
Se sugiere que la elección de un vocero con un perfil específico, capaz de comunicar el "milagro económico" y las medidas gubernamentales, es una estrategia deliberada. Sin embargo, la comparación de personalidades entre los potenciales voceros abre un debate sobre el enfoque comunicacional más adecuado para el gobierno.