Tras el golpe de Estado de 1976, los cuerpos de Perón y Eva Perón quedaron abandonados en la Quinta de Olivos.
Videla, al mudarse a la residencia, se encontró con los cuerpos y solicitó al gabinete una solución, ya que su esposa se negaba a vivir allí.
La presencia de los cuerpos generó un dilema, y finalmente se decidió trasladarlos a lugares distintos: Evita a Recoleta y Perón a Chacarita.