Se denuncia la proliferación de los "testaferros" como la única "industria" genuina creada en Argentina en los últimos 40 años, utilizada por políticos y sindicalistas para ocultar sus bienes y actividades ilícitas.
Se critica la normalización de esta figura y se señala que los barcos y propiedades de figuras públicas no llevan sus nombres, sino los de testaferros, evidenciando la corrupción generalizada.