La confianza en el gobierno de Javier Milei se encuentra en sus niveles más bajos, con un 65% de desconfianza generalizada. A pesar de una posible mejora en la imagen personal del presidente en los últimos días, la percepción sobre la gestión gubernamental sigue siendo predominantemente negativa.
El gobierno es percibido como débil y falto de rumbo en su narrativa, lo que exige una redefinición y reposicionamiento para afrontar futuros desafíos electorales. La figura de Diego Santilli emerge en este contexto como un posible articulador de una nueva etapa, que podría incluir una reforma electoral.