El programa critica la desconexión del gobierno con la realidad, ejemplificando con declaraciones de Adorni y el propio Milei. Se cuestiona la pasividad social ante las acciones del poder y se menciona que el discurso inicial de Milei canalizó el enojo popular, pero ahora la gente vuelve a estar enojada.
Se señala que Milei fue visto como un personaje o un payaso en campaña, pero su actual comportamiento lo define como "loco, corrupto, rumfla". La crítica se centra en la aparente contradicción de echar a alguien por corrupto e incorporar a otro con cuestionamientos similares.
Se cuestiona la estrategia de comunicación del gobierno, que presenta cifras económicas favorables (inflación a la baja, creación de empleo) que no se condicen con la percepción general de la gente. Se compara con tecnócratas anteriores que admitían estar mal pero avanzaban, mientras que el gobierno actual afirma estar bien y proyecta mejoras futuras, lo que genera incredulidad en la población.