Se describe el "ecosistema político" actual como expulsivo para las personas "normales", donde la confrontación y la falta de diálogo priman sobre la búsqueda de consensos.
Se relatan experiencias en la legislatura y el Congreso donde se observan comportamientos poco serios, como peleas físicas y discursos agresivos, lo que genera incredulidad y desconfianza en la ciudadanía.
Se cuestiona la dinámica de la política actual, donde la atención se centra en las disputas internas y las polémicas mediáticas, en lugar de abordar los problemas reales de la gente. Se critica la falta de coherencia y la priorización de la imagen sobre la gestión.