La discusión se centró en la evaluación diferencial del delito y el enojo social en Argentina, sugiriendo que la indignación varía según quién cometa el hecho y no por el hecho en sí mismo.
Se planteó que la indignación generada por casos como el de Adorni o el 3% de Karina, que no se investigan, demuestra esta tendencia. Se criticó la "cascada" de soberbia y trato despreciable de ciertos funcionarios, tildándolos de "chantas" que roban al país.
Se comparó la complejidad de entender el caso Libra con la aparente simplicidad de otros actos de corrupción. Se cuestionó que algunos funcionarios hablen "mirándonos por encima del hombro" y se recordó el uso de una radiografía para justificar recortes a discapacitados. La conclusión es que la sociedad termina justificando estas acciones y que la corrupción se evalúa según quién la comete.