Tras el fin de la Guerra Fría, Estados Unidos asumió el rol de árbitro global, interviniendo en conflictos bajo el argumento de la lucha contra el terrorismo, como en Afganistán e Irak. Sin embargo, estos conflictos prolongados generaron un desgaste significativo.
En el siglo XXI, EE.UU. enfrenta el desafío de un mundo multipolar donde China emerge como una potencia rival. Aunque EE.UU. mantiene su superioridad militar, la hegemonía económica y de influencia se disputa cada vez más, marcando un hito en su historia al llegar a su 250 aniversario.