Se señala que la derrota cultural de algunos partidos se debe a que han dejado de comunicarse con las nuevas generaciones en su propio lenguaje.
Se reflexiona sobre la falta de identidad política en algunos espacios, que a veces funcionan como meras campañas publicitarias sin un sustento ideológico fuerte.
Se destaca que el peronismo, a diferencia de otros espacios, tiene como eje central los derechos y no el mercado, aunque se admita que incluso dentro del peronismo ha habido desviaciones y falta de autocrítica, especialmente al no hablarle a la juventud.