Se cuestiona la decisión del juez federal Martínez de Giorgi en el caso Libra, calificándola de "bochornosa". La crítica se centra en la coincidencia temporal entre la acción del juez y el nombramiento de su esposa como jueza en Hurlingham, sugiriendo una posible relación o intercambio de favores.
Aunque el nombramiento de la esposa aún no ha sido publicado oficialmente en el boletín, se menciona que su pliego ya fue aprobado por el Senado y está a la espera de la firma presidencial. La situación genera suspicacias sobre la independencia y la ética en el manejo judicial.