Se cuestiona la idea de que Argentina estaba condenada a ser una república, sugiriendo que casi se estaba condenado a ser una monarquía y que la república fue resultado de un fracaso.
Se afirma que figuras como San Martín, Belgrano, Güemes y Pueyrredón eran monárquicos constitucionales, influenciados por la monarquía hispánica.
Pérez Guilú señala que en el Congreso de Tucumán todos eran monárquicos, y Tomás Manuel Anchorena, en carta a Rosas, confirma que en ese momento nadie hablaba de república.
La discusión se enmarca en el contexto de la crisis de la monarquía española tras la abdicación de Fernando VII.