Se analiza la baja competitividad electoral de ciertos partidos políticos, como el de Miriam Bregman, a pesar de tener una imagen positiva asociada a la representación de ideas rígidas.
Se señala que, aunque estos partidos pueden tener un discurso interesante y plantear críticas al sistema, no logran traducir esa imagen en votos debido a que la gente no los considera opciones viables para ganar elecciones.