Se critica duramente la organización del festejo del 9 de julio en Tucumán, calificándola de "horrible y repugnante". Se menciona un doble vallado y la escasa interacción del presidente con la gente, prefiriendo la compañía de caballos y granaderos.
Se cuestiona la "fobia" del gobierno a la "expresión popular", considerándola confrontativa. Se compara la situación con frases sobre gobiernos que detestan al país que administran.