Se introduce un nuevo eje en el debate: la diferencia entre los delincuentes comunes y los "ladrones de verdad", como los políticos corruptos.
Se cuestiona por qué los delincuentes comunes reciben penas severas o incluso la muerte, mientras que los que cometen delitos de guante blanco, como el robo a TVI o al Estado, obtienen penas menores a tres años y salen rápidamente.
Se critica la percepción de que la justicia no aplica el mismo rigor a todos los tipos de delincuentes, generando un sentimiento de impunidad para los que ocupan cargos públicos.