En un discurso que evocaba la independencia, el gobierno asumió un compromiso de liberar al pueblo argentino de la "tiranía del Estado omnipresente".
Se advirtió sobre aquellos que buscan dividir y enfrentar a la sociedad, "escondidos en todas las épocas, en cuevas de corrupción", y se contrastó con la celebración del 4 de julio en Estados Unidos, señalando la necesidad de pensar en las dificultades propias de Argentina.