Se argumenta que las acciones del presidente Javier Milei, como la presunta copia de textos sin citar, no solo afectan su imagen personal sino que también ponen en juego la honorabilidad y la capacidad intelectual de la institución presidencial.
Se distingue entre la figura del presidente como individuo y como representante de la investidura presidencial, señalando que los funcionarios, al igual que el presidente, deben mantener la seriedad y el decoro propios de su cargo.
La falta de ética en la presentación de trabajos académicos o discursos puede erosionar la confianza pública en las instituciones, más allá de las consecuencias personales para el individuo.