La abstención fue la protagonista en las recientes elecciones argelinas, reflejando la persistente influencia del movimiento Jirac de 2019. Siete años después, la población argelina muestra una profunda desconfianza hacia el sistema político y sus líderes.
El Frente de Liberación Nacional (FLN), en el poder desde hace más de 60 años, ha perdido legitimidad. La población ya no cree en las promesas del partido, que históricamente se basó en un discurso anticolonialista y panarabista. El sistema actual se percibe como desgastado y carente de cambios significativos.
La falta de oportunidades económicas, especialmente para la juventud, y la percepción de un estancamiento general contribuyen al descontento. A pesar de las alianzas internacionales y cierta bonanza económica gubernamental, la población no ve mejoras sustanciales en su calidad de vida, lo que se traduce en una creciente apatía electoral.