Las Fuerzas Armadas de Argelia desempeñan un papel de equilibrio en el poder político, a diferencia de otros países donde el ejército concentra el poder ejecutivo. En Argelia, las fuerzas militares ejercen influencia pero evitan una toma de posición marcada, actuando como un elemento de arbitraje para prevenir el colapso del sistema.
A pesar de tener poder y fuerza, el ejército argelino intenta mantenerse en una posición neutral, sin estar completamente volcado hacia el régimen. Esta postura busca evitar una mayor inestabilidad en un contexto político ya de por sí complejo.
La principal demanda del movimiento de 2019 era una transición hacia un Estado civil. Sin embargo, las Fuerzas Armadas continúan desempeñando un rol crucial en la política interna, manteniendo el status quo y evitando cambios drásticos que puedan alterar el equilibrio de poder actual en el país.