La historia argentina, tal como se enseña tradicionalmente, ha sido escrita como un aparato ideológico, especialmente por figuras como Mitre. Esta narrativa se consolidó tras la anarquía porteña y la victoria de Buenos Aires sobre la confederación provincial.
Se considera que esta historia es "bastante deformada" y que representa un problema significativo, similar a cómo en el psicoanálisis la búsqueda de la verdad propia es esencial para evitar la neurosis. Crecer con una historia falsa puede generar distorsiones en la identidad y la percepción del país.