La empresa Pitagud modificó el destino de las anguilas, cambiándolo a una piscifactoría a 300 kilómetros de distancia.
Surge la pregunta sobre quién y por qué falsificó los documentos de destino.
Las normas de repoblamiento de la UE resultan difíciles de comprender y aplicar, comparables a la elusividad de las propias anguilas.