El fujimorismo, bajo el liderazgo de Keiko Fujimori, se prepara para asumir el gobierno de Perú con la promesa de "orden" y mano dura. El plan de gobierno se centra en la militarización, la construcción de megacárceles y la expulsión de migrantes irregulares que cometan delitos.
Fujimori busca recuperar la confianza institucional y la seguridad en un país marcado por la inestabilidad y el crimen organizado. Sin embargo, su figura y su programa generan controversia, al evocar el legado de su padre, Alberto Fujimori, condenado por crímenes de lesa humanidad.
El nuevo gobierno enfrenta el desafío de implementar sus promesas en un contexto complejo, con una infraestructura portuaria controlada por capitales chinos y la necesidad de mantener la estabilidad económica bajo una óptica neoliberal.