Se rechaza la idea de que los argentinos son individuos a los que no les importa el otro, como sugiere el discurso del gobierno de Milei.
Se afirma que los argentinos son solidarios y se preocupan por el bienestar de los demás, a pesar de los intentos del gobierno por promover el individualismo.
Se rescata la importancia de la alegría y la pasión como parte de la identidad argentina, y se reivindica el derecho a disfrutar de estos aspectos, incluso en momentos difíciles.