Se aborda la situación de Insaurralde, investigado por enriquecimiento ilícito sin haber sido indagado, y la difusión de un video y fotos de una fiesta en Puerto Madero. Se cuestiona la impunidad de los "ladrones de guantes blancos" y la lentitud de la justicia argentina, contrastándola con la celeridad para juzgar a ciudadanos comunes.
Se critica la hipocresía social y política, señalando que muchos de los presentes en la fiesta son amigos de figuras políticas y que el periodismo es culpado por sacar a la luz estas situaciones. Se expone la frustración de un ciudadano ante la aparente impunidad de los políticos y la corrupción.
Se cuestiona el rol de la justicia, la selectividad en las investigaciones y la falta de condenas firmes para los implicados en casos de corrupción. Se menciona la presión que reciben los periodistas para no investigar o para ser cuidadosos con sus publicaciones.
Se hace hincapié en la obscenidad de las imágenes y la acumulación de riqueza, contrastando con la situación económica de la mayoría de los ciudadanos. Se critica a los políticos que dan lecciones de moralidad mientras se ven envueltos en escándalos de corrupción.