Se reitera la importancia de las Islas Malvinas como territorio argentino y se reafirma la postura de considerarlos "enemigos" a los conquistadores de las islas, mencionando específicamente a Margaret Thatcher como una figura repudiada.
A pesar de mantener una postura firme sobre la soberanía, se aclara que es posible la convivencia pacífica y el intercambio cultural con los ingleses. Sin embargo, se enfatiza que la deuda por las islas robadas sigue presente y que estas representan la "sangre de los soldados".