El periodista expresa su indignación ante la clase política y mediática, acusándolos de priorizar sus intereses por sobre la verdad y el bienestar de la gente. Critica duramente a figuras como Javier Milei y Cristina Kirchner, sugiriendo que ambos sectores buscan mantener a la población desinformada y dependiente.
Denuncia que algunos medios y periodistas reciben "pauta publicitaria" o "sobres" para favorecer a ciertos políticos o intereses, lo que distorsiona la información y atenta contra la libertad de expresión. Menciona explícitamente que el presidente Milei calificó al 95% de los periodistas como "hijos de puta", diferenciando a quienes luchan por la libertad de aquellos que reciben beneficios económicos del gobierno.
Lamenta que la sociedad se vea obligada a vivir en un estado de miedo y conformidad, aceptando situaciones de precariedad y corrupción. Insta a la reflexión sobre la falta de principios y la manipulación constante a la que están sometidos los ciudadanos.