Se denuncia la naturalización de la desinformación y el odio antijudío en diversos ámbitos, como universidades, parlamentos y redes de comunicación, bajo la apariencia de retórica geopolítica.
A pesar de esta ola de cinismo global, se reafirma el compromiso de defender los valores y luchar contra la impunidad. Se enfatiza que "no hay democracia real sin justicia" y que la memoria es una bandera incorruptible.
Se hace un llamado a no dejarse vencer ni callar, y a seguir exigiendo justicia como parte fundamental de la identidad.