Japón aprobó una reforma a la ley de sucesión imperial que permite el regreso de familiares varones lejanos a la familia imperial, mayores de 15 años y solteros, al registro imperial. Sin embargo, se mantiene la prohibición de que las mujeres accedan al trono.
La nueva legislación también establece que los futuros hijos varones de estos integrantes podrían ser considerados elegibles para suceder al emperador, introduciendo cambios en las normas de sucesión pero preservando la exclusión femenina.