Se debate sobre la veracidad de las opiniones vertidas por figuras públicas, cuestionando si realmente creen lo que dicen o si es parte de un personaje para generar audiencia.
Se critica la mezcla de política e ideología en el ámbito deportivo, considerándola una ridiculez. Se menciona a Brancatelli como un ejemplo de mentiroso y operador.
Se enfatiza que las opiniones son válidas siempre y cuando no se mienta ni se mezclen los tantos, respetando la libertad de expresión.