Se cuestionó la práctica del gobierno de contratar funcionarios sin experiencia y con nuestros impuestos, criticando especialmente la formación que se le estaría dando al vocero presidencial.
Se comparó la situación con la de Adorni, quien, a pesar de sus fallos, logró imponer una comunicación efectiva. Se sugirió que el gobierno debería haber aprendido de la experiencia con Adorni y no repetir los mismos errores.
Se afirmó que el gobierno está "pagando la formación" de sus funcionarios, lo que resulta inaceptable cuando se espera que cumplan sus funciones con solvencia y sin necesidad de aprendizaje a costa del erario público.