Luis Esteban expresa su profunda tristeza por la situación del cine argentino, considerándola una "mierda" y un "horror".
Critica duramente el "ensañamiento" y la ignorancia de quienes atacan a los actores y al cine nacional, calificando esas actitudes de "miserables".
Defiende la importancia del cine argentino como expresión de la identidad nacional y lamenta el desfinanciamiento del INCAA y la desidia en las políticas culturales.
A pesar del panorama sombrío, mantiene la esperanza de que surja nuevo talento, recordando la aparición de directores como Trapero y Lucrecia Martel en contextos difíciles.