Se debate la conexión entre el machismo de Juan Ramón Carrasco y el apoyo de algunos a Javier Milei. Se argumenta que para combatir el machismo es necesario también cuestionar a gobiernos que promueven actitudes similares. La defensa de Milei por parte de algunos se contrapone a la crítica de sus políticas de género.
Se plantea que, si bien Carrasco puede ser respetuoso en lo personal, su adhesión al gobierno de Milei es cuestionable. Se critica la postura de quienes defienden a Milei a pesar de sus políticas consideradas antiderechos. La discusión se centra en la coherencia entre las acciones individuales y el apoyo a ciertas figuras políticas.