Se planteó que el gobierno actual, desde hace seis meses, busca la salida de Chiqui Tapia de la AFA, y que su permanencia como campeón del mundo le impedía avanzar.
Tras la derrota en la final, se le instaló a Tapia la culpa por la derrota, argumentando que se beneficiaba al gobierno con esta narrativa.
Se describió como una "campaña anti-AFA" la difusión de estas ideas, calificándolas de "mentira" y "falopa".