La caída de 17 puntos en la preocupación por la inflación se interpreta como un mérito para el gobierno de Javier Milei, pero también como un traslado de la demanda ciudadana hacia el desempleo y el salario.
Se plantea que la gente, al acostumbrarse a un problema (inflación), empieza a reclamar por otros, marcando una "nueva demanda económica".