Axel Kicillof se pronuncia sobre la campaña anti-argentina, destacando la diversidad cultural del país y su tradición de recibir inmigrantes, en línea con el preámbulo de la Constitución.
Si bien no niega la existencia de críticas, Kicillof cuestiona la política exterior del gobierno de Javier Milei, sugiriendo que la adhesión a conflictos internacionales no contribuye a una imagen pacífica del país.
Se interpreta su discurso como una forma de diferenciarse de la retórica que vincula las críticas a la Argentina con la figura de Milei, aunque se mantiene una postura crítica hacia la dirección actual del país.