Se cuestionó la idoneidad de Adorni como vocero presidencial, recordando críticas previas de Milei sobre su supuesta lentitud y falta de habilidad.
A pesar de las críticas, se reconoció que Adorni, a diferencia de otros funcionarios, manejaba la comunicación de manera hábil, aunque se le criticó su cinismo y maltrato hacia los periodistas. Se mencionó su presunta corrupción y enriquecimiento ilícito.