Se produce un fuerte cruce entre Guillermo Moreno y el conductor del programa, con acusaciones mutuas y un clima de tensión. Moreno es increpado por su comportamiento disruptivo y se le exige respeto al conductor.
La discusión escala a un nivel personal, con referencias a patrimonio y posibles amenazas veladas. El conductor intenta mantener el control del programa, pidiendo a Moreno que no grite y que respete el espacio, mientras este último se muestra desafiante y acusa al conductor de no dejarlo hablar.