Harriet se queja del ruido de una carreta por la noche y exige una ley u ordenanza que prohíba las carretas en el pueblo después de las 10 pm. Javier la tilda de absurda, asegurando que el Consejo Municipal jamás aprobaría tal medida.
Harriet insiste en que se necesita un comisario para regir el pueblo apropiadamente, y que las cosas deberían hacerse por votación y aprobación del Consejo.